Creatividad e innovación en los negocios (Parte 2)

El papel de las empresas

De igual forma, la gente más creativa ha desarrollado estas habilidades de manera formal (por medio de entrenamientos o cursos), o informalmente (durante experiencias de vida), aunque la forma más efectiva es una combinación de ambas.

A nivel empresa, muchas quieren fomentar la creatividad entre sus colaboradores, pero no todos saben cómo hacerlo. Las empresas que pretendan desarrollar el potencial creativo deben enfocarse en entrenar las habilidades que hacen a una persona creativa, y no sólo en el resultado (generar ideas). Pero hay un problema: en siete de cada diez empresas no existen los incentivos que fomenten la innovación.

Las grandes empresas valoran y fomentan el pensamiento analítico y de certidumbre, y dejan a un lado el pensamiento intuitivo y de experimentación. En un contexto corporativo no se confía en la intuición de la gente, sino en la justificación analítica y lógica para tomar decisiones.

Eso muchas veces sucede por temor, lo que representa uno de los más poderosos detractores de la creatividad, ya que las empresas nunca recompensan los errores, pero sí el statu quo. Si algo sale mal, un líder podría culpar a los números y sacudirse de la responsabilidad que conlleva un fracaso; pero si una decisión se toma intuitivamente, y algo sale mal, la culpa caerá sobre la ineptitud de la gente que ayudó a tomar la decisión. Las empresas toleran los errores respaldados por la ciencia, pero no los errores respaldados por intuición. Este principio intimida el pensamiento creativo.

 

Los incentivos necesarios

Uno de los elementos más importantes para fomentar la creatividad es la motivación.

Muchas empresas no saben reconocer, medir e incluso valorar la creatividad en sus colaboradores. En realidad, las grandes organizaciones sacrifican la creatividad por la eficiencia.

Aunque siempre pensamos que un incentivo tiene que ser económico (material), existen dos tipos distintos de incentivos que entran en juego y que podrían ayudar a incrementar el potencial creativo de un equipo de trabajo. Los incentivos sociales son aquellos enfocados en una satisfacción intrínseca al ser “reconocido” por otros (premio al más creativo de la división, empleado del mes); mientras que los incentivos morales son también intrínsecos y tienen que ver con los valores y sentir como persona (“estoy haciendo algo bueno para el mundo”, “me hace sentir bien hacer esto”).

Según Teresa M. Amabile, profesora de Harvard Business School y una de las voces autorizadas en el estudio de la creatividad en las empresas, la motivación intrínseca es mucho más fuerte para potenciar la creatividad, que la motivación extrínseca. La gente más creativa es aquella que ve en la creatividad un medio para alcanzar la felicidad. Si preguntas a cualquier emprendedor exitoso cuál fue su principal motivación para crear una empresa, responderá que fue una motivación intrínseca; no el dinero.

En una empresa de cientos de empleados es difícil replicar este principio y provocar que todos tengan una motivación intrínseca para ser creativos día con día. De hecho, no creo que sea la mejor idea que todos los colaboradores de una empresa sean altamente creativos todo el tiempo, ya que sería una empresa muy caótica y sin estabilidad. Más bien, para que la creatividad pueda fluir en una empresa sólo bastan algunos cuantos que, con sus acciones e ideas, contagien “moderadamente” a otros (tener esto muchas veces es suficiente para lograr los objetivos del negocio).